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No te divorcies de ti: hazle caso a tu cuerpo

Cuando vamos al consejero matrimonial siempre escuchamos estas palabras mágicas: “la base de toda buena relación es escuchar”. Cliché o no, tiene algo de cierto. 

Con nuestro cuerpo, la cosa no cambia mucho. A veces nuestros brazos, ojos, riñones, pulmones o corazón nos gritan que algo anda mal con ellos, la pregunta es: 

¿LOS ESTÁS ESCUCHANDO? 

Como en cualquier pareja, al pasar los años se van acumulando enojos, sorpresas, miedos, frustraciones, hábitos o rutinas. Si se callan o ignoran, estas emociones terminan por acumularse y explotan.  

El cuerpo también reacciona a cualquier incidente de nuestra vida. Cuando estás sentada por mucho tiempo en la oficina, ¿has sentido como tus piernas se entumecen?  Tu compañero “godín” te dirá que se te “durmió” la pierna; un doctor te explicará que tus arterias están siendo comprimidas y los nervios se han quedado sin oxígeno; pero lo que realmente te está diciendo tu cuerpo es: 

LEVÁNTATE, MUÉVETE, EJERCÍTAME 

Como este ejemplo, existen miles. El hipo nos dice que estamos comiendo muy rápido por las prisas; ese diminuto cólico en el abdomen puede ser el inicio de una colitis, la sudoración que sientes cuando estás bajo estrés puede indicar un ataque de ansiedad. 

Si quieres aprender a escuchar a tu cuerpo, realiza el siguiente ejercicio: 

Después de tener una pelea con tu pareja, un problema en la oficina, un disgusto con tu hijo o cualquier situación estresante:  

  • Detente un minuto. 
  • Toma aire. 
  • Revisa tu pulso cardiaco. 
  • Identifica pequeños dolores en tu cuerpo. 
  • Revisa la tensión en tus músculos y finalmente pregúntate a ti mismo: 
¿VALE LA PENA HACER SUFRIR A NUESTRO CUERPO POR UN ENOJO?
 

Comunicarte con tu cuerpo puede ser la diferencia entre llegar al doctor con una enfermedad controlable o un padecimiento avanzado.  

Ten una relación duradera con tu cuerpo y escúchalo. No esperes a que se divorcie de ti.

¿Y tú escuchas a tu cuerpo? Coméntanos y comparte.

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